Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Sujeto, el libro. Y de investiduras.

3 comentarios

Los martes colaboro como voluntaria en la biblioteca de la escuela de Mini Dancing Queen. Firmo mi ingreso a la una p.m, dejo mi bolsa en el suelo y me arremango frente los libros que fueron devueltos y depositados en un estante con ruedas. Los divido entre ficción y no ficción, los alineo según el orden alfabético de su autor, sigo la numeración del sistema Dewey, los cargo con la canasta donde se guardan los abrazos, los reparto a sus libreros de origen.  Suelo acomodar entre 100 y 150 libros por sesión.  Es un trabajo de privilegio porque amo leer tanto como al libro en su estado físico, el que es casa y cama y balcón. Puerta, almohada, banco y banca. Ladrillo, ave. Lienzo, desodorante, prótesis, arbotante. Cartera. Rasca-huele. Caja de Petri. Semilla y navío.  He leído desde que me acuerdo. Nada me emociona más que cuidar libros para niñ@s lector@s, más.        

Cerca de donde pongo mi bolsa, hay unas cajas. Ayer pregunté qué contenían. La bibliotecaria las abrió para mí: libros con páginas rotas, descosidos o en cualquier fase del desvencijamiento por uso. Se entiende, el libro es el único objeto que no es objeto. Al nombrarlo,  y sostenerlo, al leer. Y leer. ¡Y leer!, el libro es sujeto. Sujetado. Asomarse a la caja era como entrar a la Unidad de Terapia Intensiva. Jane Eyre,  La Guerra de los Clones en cómic, la biografía de Houdini y la Enciclopedia de los Dinosaurios y la historia del Titanic junto con varios ejemplares de Elige tu Propia Aventura, veteranos agonizando, fracturas de párrafos, lomos catatónicos, heridas en los forros y  esquinas con psoriasis aguda. Quise saber cuándo los repararían. Y quién. El tono de la bibliotecaria me reveló que la respuesta era obvia: ella. Cuando hubiera tiempo.

-Enséñame- , pedí.

La bibliotecaria, -una mujer en la cincuentena y que usa aretes en forma de (adivinen) libro – me condujo hacia el cuarto de suministros.  Aprendí dónde se guardan las cubiertas plásticas de 12, 14 y 16 pulgadas, la cera, el pegamento, la cinta de hilo, cómo sellar costuras y fijar bordes. Ella puso la muestra, por oposición, valiéndose de la mención repetida de la frase “no aflojo”. Cuando logré ahuyentar de mi mente algunas asociaciones sobre su vida personal, fue mi turno de aprendiz con unos libros de prueba, apenas magullados. Creo que lo hice bien, aunque me faltó precisión en el borde con borde y, al recortar una cubierta sobrante, casi decapito la fotografía del autor. Creo que la bibliotecaria halló que mi esfuerzo no estaban tan mal porque, cuando terminé, me invistió, nobilísima, con el título honorario de Ahora Repararás los Libros de las Cajas.

Corrijo: nada me emociona más que trabajar entre libros. Escribiéndolos, acomodándolos o sanándolos;  todo sea  para que haya más personas, niñas y niños sujetos a los libros. Leyendo. Y leyendo. ¡Y leyendo! Para cuando haya tiempo. Es decir, siempre.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

3 pensamientos en “Sujeto, el libro. Y de investiduras.

  1. Me encanto, me recordo mi visita al archive de San Juan de la Vega en Chamacuaro Guanajuato. Que falta hace en ese lugar una bibliotecaria con arêtes de libro y una voluntaria que deje su bolsa en el suelo y se ponga a remendar los registros parroquiales del siglo XIX. Libros que guardan los datos vitalicios de muchas personas que son buscadas avidamente por otras. Todos estan enfermos, no por el paso del tiempo sino por el descuido total d la encargada del archivo. De cualquier forma enfermos o no son tesoros invaluables que ya se han convertido en microfilms y de alguna manera seran salvados. De cualquier forma aunque su valiosa informacion esta segura en los rollos, no hay nada como sentir entre las manos esas hojas llenas e tinta y de recuerdos.

  2. Grandes líneas como siempre. Estás rayada en ese universo, como un rockero en Woodstock, un pervert suelto en un burdel o un futbolero en Maracaná.

  3. Que maravilla. devolverle a un libro la magia de volver a transitar….

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