Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

En remojo

2 comentarios

Puse a remojar las palabras. Estaban amarillentas por el almidón que les rocié en la universidad y además,  tenían  polvo de vitrina y percudido de huir descalza. Nunca había remojado palabras. Les eché agua caliente y quedaron listas para que trapeara con ellas. ¡No!  Yo las quería relucientes, como nuevas. Les vertí abrillantador y se retorcieron como lombrices de tierra en pasto sintético. Que se me ocurre añadirles un poquito de cloro, y me reclamaron porque son ecologistas.

Solo las remojaría un par de días o, a lo más, una semana. Mi plan, de hecho, era tallarlas contra una hoja rayada a ver si soltaban alguna verdad verdaderísima. Yo eurekaría como el sello de California y me las llevaría chorreando hasta el tendedero donde se orearían al sol, con sus etimologías y sus costuras bien enderezadas, junto con las sábanas y las toallas porque, igual que al arropar o al secar, es muy difícil escribir con palabras que ya no significan. Al cabo de las horas, todas las prendas y las palabras quedarían oliendo a luz y todavía rígidas por haberse secado a la intemperie, listas para envolver los cuerpos y lo invisible.  Pero qué días ni qué nada. Tuve que dejarlas remojando desde que cumplí 30 porque tenían incrustada mucha fórmula, desde la leche que bebí en mi cuna hasta el círculo de la taza de café en mi escritorio.

Recibí el 2014 en Arizona, frente al Gran Cañón. El silencio fue un río que se abrió paso entre sedimentos de millones de años.  Los cuervos miraron a las cámaras que posaban con sus turistas.  La nieve fue una nube que desperdigó los restos de sus siestas.  Los pinos oyeron hablar del boliche, ¿descreyeron? ¿o fue el viento? Los sillones junto a las chimeneas devoraron libros.  Los besos y los thermos fueron lo que son: el mejor invento del mundo.  El horizonte, supe, es un sombrero al revés. Hubo tantas estrellas que se alcanzaron a ver galaxias de preguntas.  Luego, el desierto cantó su rock del tuétano.

Cuando volví a mi casa, la cubeta con las palabras en remojo había desaparecido.  Volvió a lo natural: a significar viviendo.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

2 pensamientos en “En remojo

  1. Que manera más hermosa de dar sentido a las palabras que describen el silencio. Gracias.

  2. Amén, simplemente un texto para no dejar secar al sol.

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