Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Operativo Matatena

6 comentarios

Lo que sé del apego, lo aprendí en mi casa. Lo que tuve que desaprender, lo supe como temario de escuela. El resto de mi infancia transcurrió jugando en la calle.

La “calle” era un pedazo de banqueta. En días buenos, de magnanimidad en materia de permisos, la calle abarcaba hasta el parque a media cuadra. Y sin embargo, la calle no se medía en metros cuadrados sino en posibilidades, texturas y en vecinos: los de la misma edad, los chiquitines, los gandules, los que no se juntaban con el resto de los mortales. El tiempo tampoco se medía en horas, sino en qué punto de llegar de la escuela, comer, hacer la tarea, salir a jugar o despedirse para cenar se encontraba cada quien.

La banqueta era el cuartel, la sala de juntas, el hospital, la refaccionaria. La acera de enfrente era todo lo otro, unido por una piñata en las posadas comunitarias. A lo largo, la calle era espacio entre porterías, velódromo, pista de patinaje, telegrama incesante de ¡coche!. El parque era el foro para comprobar que no todos los extraños asustaban ni todos los conocidos eran de fiar. Y mina de cacas arqueológicas. Y juegos hechos de tubos de metal que, un día, tuvieron color.

La calle, igual que la infancia, dura poco. Termina siendo un nombre dentro un listado urbano, una unidad que paga impuestos. Una fotografía en Google (Maps). Si pervive más allá de sus construcciones es por todo lo que se jugó en ella.

Mis hijas, como muchas niñas y niños de su generación, siguen siendo educadas en la casa y en la escuela pero no salen a la calle. Ya no se usa, ya no es posible por tantos motivos. Hay un duelo tremendo, colectivo, por esta pérdida de espacios. Quiero hacer algo al respecto, que no se les pasen los días que les quedan sin jugar lejos de las estructuras y más cerca de ver con la imaginación y los amigos donde solo hay asfalto, tránsito. Nada.

Conseguí dos latas vacías y un hilo, una matatena, un trompo y unas canicas. En franca equivalencia a los Super Amigos en el Salón de la Justicia, convocaré a todos los vecinos del mundo con un chiflido: los niños y las niñas tienen que seguir jugando en la calle porque la casa y la escuela no son suficientes y la televisión siempre hace trampa. Esta generación y todas las que siguen van a jugar en la calle porque nosotros, los que sí, lo haremos posible.

Un, dos, tres, por mí y por tod@s mis compañer@s. Y por nuestr@s hij@s.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

6 pensamientos en “Operativo Matatena

  1. Yo fui adelantado a mi época. Se supone que en nuestra generación los niños jugaban en la calle. Pero en la mía no había otros niños y si había un flujo constante de automóviles. Así que los juegos era de mesa o de sala: mecanos, tente, fisher price, playmovil. O artísticos: teatro, pintura, lectura y declamación. También algunos deportes: lucha grecoromana, fútbol de salón o carreras a casatraviesa.
    No tuve videojuegos ni televisión pero es eso de jugar dentro de la casa le llevo ventaja de tres décadas a cualquier niño.
    Suerte con tu operativo.

  2. Cuando hagas la convocatoria, no te olvides de chiflar en mi dirección; yo aún conservo el trompo que le compré a mi hijo en mi afán de enseńarle a jugar en la calle como crecí jugando yo y mis hermanos.
    Abrazos.

  3. Chiflo y me pongo en primera fila para aprender, Alis. (pd. ese sería un texto muy interesante para desarrollar: Instrucciones para jugar el trompo. ¿No crees?)

  4. Muy estimada locadelamaceta,
    Ayer descubrí tu blog y me encantó, particularmente, este post. Sobre el cual, tengo una diferencia y una duda, ambas casi existenciales.
    Difiero: ni todas las calles, ni todas las infancias duran poco y allí están Insurgentes y (nombra a quien te venga en mente) para constatarlo.
    Dudo: ¿Quiénes eran los gandules, quiénes los que no se juntaban con el resto de los mortales y quiénes los conocidos que no eran de fiar? Estoy cierto que no estoy en uno de esos rubros y espero no caer en ninguno de los otros dos.
    Atentamente, un ex Vecino que te manda un fuerte abrazo.

    • Querido ExVecino,

      Llegaste a mi blog y me sentí igual que el día que te moviste junto a mi casa. Con un poco de susto y mucha alegría. Gracias por pasar a leer.

      Había pocos gandules, pero sí. A mí, una vez me importunó uno mientras yo trataba de balancear mi dignidad en patines. Era uno de esos gañanes que usaba la cuadra de atajo para ir al parque. Habrá sido un sábado y no entre semana, porque de lunes a viernes nuestros gritos y correderas llenaban toda la calle.

      De los que no se juntaban con los mortales, me acuerdo de dos familias. Una, que si no mal recuerdo, que tenía un tío irascible que sacó la pistola un día que se les voló la pelota. (Gran material para mitologías, estarás de acuerdo) Otra familia que no se animaba a pertenecer del todo, a pesar de que compartíamos rutas al colegio.

      En fin. Ten por seguro que pensé en tí cuando escribí este post. Un día que vaya a México me encantará compartir la banqueta otra vez, a ver si estamos tod@s. Para ver a nuestr@s hij@s y no poder creerlo. Y reír mucho, tan jóvenes, tan viejos.

      Te dejo un abrazo.
      M

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s