Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

De redenciones y manchas

2 comentarios

La novia esperaba en el atrio. Un vestido tipo chemisse y un ramo de crisantemo pomposo disimulaban sus seis meses de embarazo. El novio, junto a ella, tronándose los nudillos; y, en torno a ellos -los futuros esposos, no los nudillos-  los invitados a la boda. La misa estaba retrasada porque el sacerdote andaba en la procesión, orapronobiseando con la cofradía. El dicho explica las imposibilidades logísticas de atender ambos eventos simultáneamente.

Era un día de sol, de ese sol que miró de soslayo en el invierno pero que en primavera alumbra con altavoz. Un sol que  rayaba en lo majadero porque hacía correr sudores por escotes y caminos hacia el pueblito. Por ese sol y porque yo iba vestida de negro y porque la repartición de sombra fue injusta, entré a la tienda de abarrotes. El jugo me supo a congelador. Desde la tienda veía a los novios que veían a la procesión que caminaba hacia ellos. Pagué. Pasaron los fieles golpeándose el pecho, arrastrando los pies y las sílabas; Virgensanta líbranos detodamancha.

Hubiera querido fotografíar a la inmaculada-velero entre la corriente de hombros y, en definitiva, hubiera querido asomarme a comprobar si la novia se casaba más ilusión que miedo a ser descubierta, de no ser porque los rezos que me rodeaban se tradujeron en una botella de cloro que cayó del anaquel más alto hacia el suelo de granito de la abarrotería salpicando mi ropa con sus miles de gotas desteñidoras. Intenté sacudirlas con un grito de guerra y manoteos, quedé como noche en borrador. Nomás pasaba por ahí sin adeudos ni susto y terminé a dos tonos, igual que los anuncios de golosinas, y que  los novios, los parroquianos y otras especies ingenuas: comprobando que el problema no son las manchas, ni en la ropa ni en la conciencia, ni siquiera en ser víctima de una circunstancia. Lo grave es querer controlar la propia salvación, desde lo humano y/o terminar oliendo a baño pulcro.

*Anécdota de cuarto de lavado. Abril. En un día con sol, cloro. Digo, claro.*

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

2 pensamientos en “De redenciones y manchas

  1. Jejejejejeee.
    Sí, es grave querer controlar nuestra salvación. Pero es parte de nuestro instinto de sobrevivencia y no podemos hacer mucho por evitarlo.
    Me gusto lo del grito de guerra y el parque de manotazos.

  2. Esos manotazos penosos de la impotencia. Para el anecdotario, invariables 🙂

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