Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Noche de luna

4 comentarios

Les he contado que mi casa está alfombrada y, según la costumbre californiana, los zapatos se quedan fuera, en la puerta de la entrada. Los de él, no. Supongo que, a partir de cierta jerarquía en las corporaciones o en la política, uno se convierte en el Taconeador, y reserva su respeto para nadie y los pies carapálidos para la playa. No dejaba de ser una grosería que el hombre hubiera entrado hasta mi sala con su halo de cuero y agujeta; y no era una grosería nimia. Mi abuela la clasificaría como una malcriadez.

El resto de los invitados sí había optado por quitarse los zapatos. Era un gesto de sentirse en casa, en una reunión casual lejos de las salas de juntas  y de los cubículos, cada quien mostrando su faceta más ligera y plegando sus piernas alrededor de la mesa bajita de la sala. Claro, en cuanto llegó el Taconeador,  el tono casual pasó a ser una dinámica de penosa conciencia sobre las características del calcetín propio o del ajeno, si era el caso. Los casos más pelones fueron los de las mujeres a la merced de la elocuencia de su pedicure, y un jovenazo de pies con olor a roquefort, un tanto mimetizado entre las aceitunas, el  humus y el nan.

El Taconeador no se sentó en el suelo. Tomó asiento en el sillón y cruzó la pierna. Su zapato quedó a la altura de las caras de los invitados-subordinados quienes mejor se sentaron también en el sillón, como adultos contemporáneos. De sutileza en sutileza, la reunión se fue agüitando. Me fui la cocina a poner el agua para el té.

Volví con las tazas, la charola y una caja de madera que abrí frente al Taconeador. Él ponderó sus opciones como si estuviera eligiendo un puro y, al final, tomó un sobre. Sonreí, y lo felicité por su decisión. Vertí el agua en su taza, él puso la bolsita y, en modo casi instantáneo, la reunión se animó de nuevo. Era como estar en casa pero de la risa muda y sin organigramas ni puntapiés, la risa más antigua que todas las abuelas dicharacheras del mundo.

El Taconeador se bebió en público y a la vista de todos la cantidad de 350 ml. divididos en dos tomas, de una fórmula herbal a base de eneldo, jengibre y manzanilla para una menstruación plena y sin molestias.

Fue una noche de luna. Como la de hoy.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

4 pensamientos en “Noche de luna

  1. Reblogueó esto en y comentado:
    Me encanta el blog de Loca de la Maceta. Por más que intento no logro escribir como ella!

  2. Supongo que el taconeador pudiera tener alguna influencia en la forma de hacer llegar el pan a tu mesa. Supongo, entonces, que era preferible la tolerancia frente a la solicitud directa de desprenderse de sus zapatos.
    Sólo son suposiciones pero, siguiendo con ellas llego a la conclusión de que no me gusta recibir visitas. Sobre todo de personas que sólo frecuento por trabajo.

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