Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Narrar los cambios.

4 comentarios

Tiene mucho que no escribo. Preciso: no escribo como antes. Me he releído, se me nota. Mis textos ya no traen ese lenguaje a señas del miedo encriptado. Ya no son columnas de humo de la resignación, ni denuncias disfrazadas de asombro por lo cotidiano.  Por fin puedo decir lo que quiero. Mi bitácora puede abandonar el hubiera y dedicarse a ser textos presentes, como el anuncio de “si hay tortillas” o el “hoy no se fía”.

Pero no escribo desde hace mucho. Corrijo: no escribo para después, porque falta un montón. Por eso cuando me llega la inspiración, la despacho. Le digo que vaya a visitar a los que tienen un contrato firmado con una editorial, o a los becarios del  FONCA. Me encuentra haciendo hojas de cálculo y contando, manualmente, quince mil boletos de una rifa: el tiempo que me queda lo uso para llevar a mis hijas al parque o para doblar ropa, no estoy produciendo nada citable o vendible ni ostentable.

De esos textos que yo solía generar, escribo poco, aislada, casi por goteo; en la hoja, me refiero. Descubrí otro matiz de mi creatividad: escribo trabajando, desmarcándome de mi propia obsolescencia; escribo eligiendo a qué y a quién le doy mi imaginación. Escribo amando, y qué bueno que no me pinta el bolígrafo cuando me surge alguna expectativa. Escribo cuidando mi cuerpo, cachondeándome y hallándome sentidos. Escribo haciendo conversación, preguntando: “usted, ¿cómo llegó hasta aquí?”. Escribo al aire, operando una cabina de radio y desdoblándome en versiones funcionales de mi atarantamiento. De esos textos, escribo bastante. De eso se ha tratado esta época.

No es que necesitara explicar por qué cambié. Quise hacerlo, nomás. Escribir no es sinónimo de inscribir y dejar inmóvil; al contrario, escribir es narrar los cambios. Por eso relato que tiene mucho que no escribo. Postdateo: no escribo como primer o último recurso para ser vista. ¡Y qué bueno!  Al aceptarme invisible, irrelevante, deliciosamente común, puedo escribir viviendo. Y esa historia, entre todo lo que he creado y creído, me gusta más para adoptarla como estilo.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

4 pensamientos en “Narrar los cambios.

  1. Algunas ideas son como las mariposas; lucen mejor cuando vuelan libres que cuando intentas fijarlas con un alfiler sobre un corcho. Me alegra leerte así. El asombro es tan noble que también sabe ocurrir hacia adentro. Y es que ni todo lo extraordinario es delicioso, ni todos sus afortunados viceversas. 🙂

  2. Si tienes interés en leer una novela de violencia, secuestro, amor y sobrevivencia donde, al final, el protagonista dejó de ser dependiente de los demás y empezó a caminar por si mismo, te recomiendo “Lobo de mar”.
    Es cierto que la literatura de Jack London no es lo que imaginamos cuando pensamos en cosas sensibles o hermosas. Pero con todas las críticas que se pueden hacer, es autentica. Brutalmente autentica.
    “Mil veces amo de mi infierno que esclavo de su cielo” decía el antagonista. Estoy de acuerdo. Suerte en tu viaje, en tu vida.

  3. Un día te cuento que Jack London vivió en Belmont, donde yo vivo. Y lo leeré buscando rastros de su creación en este suburbio. Gracias por la recomendación.

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