Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Redimensionando

1 comentario

No me acuerdo a los cuántos años alcancé esta estatura, pero habrá sido alrededor de los 18. Todavía iba en la universidad cuando me caché con los pantalones de brinca charcos. Me pareció una vergüenza existencial -no porque fuera la gran cosa sino porque en esa época se acostumbraba rematar las afirmaciones con algún tipo de subrayado filosófico-. No me di cuenta. Crecí por alguna fuerza de la naturaleza, sin mérito. Yo creo que, por eso, hasta hace poco caí en la cuenta de que soy alta.

Me he descubierto grandota. Un metro con setenta y seis centímetros, con sus huesos, desmesuras y ya vine, correspondientes. Creo que en mi proceso personal, ese ha sido el cambio más notorio: dejar de habitar la raya entre sentirme diminuta e invisible, viviendo en la sombrita. Tampoco tengo mérito en ello, he tenido crecer eligiendo enfrentar lo que me duele y lo que me abruma, negociando con no saber qué será de mi futuro, dándome permiso de apreciarme y de ser apreciada. Ser grande, en mis términos. Apenas voy emparejando el tamaño del lugar que ocupo con ocuparlo, de hecho. La sombrita quedó atrás; ahora puedo lidiar con mi sombra, ya no siento que mi silueta esté desfasada con mi tamaño por cargar sobre los hombros lo que no me toca o por achaparrarme.

Las redimensiones han andado desatadas, no se miden. Justo cuando empecé a instalarme en esta nueva identidad, Victoria Luminosa dio el estirón. Un día me saludó con un abrazo y casi me caigo tacleada por el peso de su estatura a los trece; ella, del tamaño del número que era mío. Mini Dancing Queen, a los once, me llega a la barbilla. Es decir, estoy a nada de ser la más diminuta de mi casa, otra vez. No sé qué me depara lo que viene, pero sí sé qué haré con esa disparidad de metros y centímetros, y sus metáforas. No me resistiré: la naturaleza tirará de mis hijas y las elevará hacia alturas o miradores o adjetivos que rebasarán los míos, como yo lo hice con mi madre y ella con la suya; les quedará el reto de descubrir si estatura, tamaño y lugar son lo mismo, con respecto a quién, para qué. Me restará agarrarme fuerte ante esos saludos impetuosos de mis hijas más altas que yo, ser compañera y no señora tras bambalinas, escribir, seguir mi ruta que sigue siendo inciertísima y definida; descalza o en tacones, ante mi propio reflector, con el valor del aprecio: he de seguir creciendo.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

Un pensamiento en “Redimensionando

  1. Dos comentarios:
    1. Sobre la estatura, cierto que podemos considerar sin merito ser altos porque nadie ha trabajado para obtener los genes que posee. Pero ser alto y vivir en un país de chaparros es harina de otro costal. Vivir así implica emprender búsquedas por ropa de tu talla, implica golpearse más fuerte en las caídas y que nadie lo entienda, implica enfrentar la segregación de quienes se sienten intimidados por ser chaparros. Ser alto no tiene mérito pero vivir siendo alto tiene mucho.
    2. Ser grande como persona siempre estará separado de las características anatómicas. Y ahí creo que vas bien, ¿Lento? Sólo si antes ibas más rápido y ahora bajaste el ritmo, pero se trata de compararte contigo misma no con los demás. Leyéndote creo que vas rápido respecto a ti hace algún tiempo.

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