Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Veintitrés de diciembre

6 comentarios

La Navidad, antes de adulta, era despreocupada. Yo creo que por eso me gustan los cascabeles: suenan, y vuelvo a tener nueve, diez u once años. Mis recuerdos están la sala de casa de mis abuelos y la cocina de mi mamá, los farolitos de papel, el verde terroso del musgo, el heno versátil, el niño Dios desproporcionado en el nacimiento, cerros de papel de envolver rasgado; cuando lo bueno de la vida se resumía en que la piñata fuera de cartón y no de barro, que contuviera dulces y no cacahuates, y saber que pertenecía a mi cuadra, a una familia.

Después, de adulta y sin ser original, la navidad se complicó.  Mis recuerdos de los veintitantos a los treinta y pico son un ponche de agobio, de presión, de what the fucks; de no tener un lugar, de que se desfondara la canasta de los aguinaldos, y no hubiera trabajo o certezas o respeto. Y, en algunos años, ni dinero para regalos suficientes, agradecibles; la sensación de fracaso. Cuando todo lo bueno de la vida se resumía en que alguien me oyera llorar y me pasara una estampita de Jesús y papel, por debajo de la puerta, en un baño público.

Nunca, en todo el tiempo que llevo de escribir en esta bitácora, había escrito tantas entradas que mencionaran el contraste entre antes y después como lo hice durante 2015. Es parte de registrar y construir los significados, claro.  Inscribo, pues, que esta es la primera navidad de adulta que pasaré en mi casa. No traigo obsequios en una maleta, ni pasé por retenes de seguridad en un aeropuerto, ni aterricé entre noticias de Facebook, ni llevo una agenda escalonada para arrullar a la nostalgia, ni estoy de huésped, ni de visita, ni dirigí los cantos de la piñata, ni tuve que desempolvar mi small talk de las reuniones. Estoy en pijama, posteando en veintitrés de diciembre desde mi comedor en California, con mis hijas.

La diferencia para mí, en estas fechas, ya no reside en la cantidad de agobio o de despreocupación que contengan. Al final de la suma de mis navidades de adulto y de niña encontré que lo bueno de la vida se condensa en que pueda haber una constante a pesar del cambio; y transformación, a pesar de lo definitivo aparente. Por eso esta Navidad no es la de después. Es de ahora, la mágica, la endeble.

Como fue, siempre.

¡Felices fiestas, lectores!

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

6 pensamientos en “Veintitrés de diciembre

  1. Feliz Navidad amiga porque no volverás a ser tan joven como hoy ni tan mágica como mañana. Eso es lo que dan los años. La sabiduría del balance.
    Un besote desde mi casa en España

  2. Me acorde de aquellas navidades con la familia rica y los primos maleducados. Supongo que algún día tendré que escribir esos recuerdos de la misma forma que tú: el antes y el ahora.
    Por el momento me conformo con solucionar los problemas de cada dia. Feliz navidad, atrasada.

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