Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

When you’re 64

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Oh, casi finales de enero. Febrero inminente, me dije, aproxímase el cumpleaños de mi papá.

¡Zas!

No es el cumpleaños en sí mismo, es la cifra que alcanza. Esa cifra, no cualquier número:  cumple 64 años. El grueso de los celebradores podrían considerar irrelevante ese dato. Los seguidores cercanos de The Beatles consideramos un honor llegar a esa edad. Es como figurar en la portada del Sgt. Pepper’s.

Deberíamos de preparar algo con esa canción, me dije. Cállate las iniciativas, me dije más fuertecito. En 1993 tuve la misma idea; tomaba clases de piano por algún motivo que desconozco y mi hermano  estaba en su fase de querer tocar la batería.  ¡Vamos a tocar When I’m 64 a dueto!, me dije entonces, les dije, ¿ya oíste lo que dijo?

Puedo decir, con la serenidad que me da contarlo, que fue una experiencia muy formativa; hoy sé que tocar una canción sin haberla practicado con rigor de conservatorio, acicateada por timbal y tarola, con todos los asistentes a la reunión queriéndola cantar a coro, usando una diadema forrada de tela —muy mona, muy resbaladiza y muy popular en esos años—: no.

(Mi hermano fue muy paciente esa vez del dueto piano-batería. Siguió tocando y salvó la canción. Su paciencia para nuestras actividades en conjunto es legendaria, de hecho. Data de algunos años más atrás, cuando además de The Beatles, mi papá era muy admirador de la Segunda Guerra Mundial y un día nos anunció que nos tenía una sorpresa: y, ¡tarán!, nos mostró un armatoste achaparrado y cojo, fusionado con mi bicicleta.

– Es un side car -, añadió por subtítulo para referirse a un remolque adosado.

¿Y quién lo va a manejar?, me dije con una voz agudita mientras ocupaba mi lugar en la fotografía que iría en álbum. Puedo decir, con la serenidad que me da contarlo, que fue una experiencia histórica; en calidad de primogénita, hermana mayor y ciclista posé con mi hermano sentado a bordo del anexo bambineto de metal e hice todo lo que estuvo en mis rótulas para pedalear y movernos. Mi hermano me tuvo mucha fe hasta que le notificaron que ya se bajara y que no íbamos a poder ir al parque al alimón ni ese día ni en la vida. El side car quedó arrumbado el día de su inauguración).

Así que (Papá: si lees esto, tápate los ojos. Hermano: si lees esto, no suspires. Tu fe en mi dará frutos) estoy pensando en hacer algo que combine la canción y hacer equipo con mi carnalito donde yo no toque el piano, siempre traiga el cabello recogido y, desde luego, no emule a ningún medio de transporte en un sendero de Bavaria. Tengo hasta el 5 de febrero, me dije, y vine a postearlo.

¡Zas!

 

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

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