Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Segundo acto

1 comentario

El corazón tiene razones que la razón desconoce

—Blaise Pascal.

Spoiler: sobrevivo.

 El adhesivo de uno de los electrodos se aferró a la piel de mi escote y me dejó una marca roja en el centro del pecho. La enfermera musitó el muy genérico «Una molestia» mientras me depilaba el brazo al quitarme la canalización.  Falsa alarma, diagnosticó dijo el médico de guardia. Me mandó reposo y otros estudios, por no dejar. Ni le pregunté al de Urgencias si aceptó mi descripción del dolor, para el expediente.  Decir que una garra jaló mi corazón hacia el suelo y me punzó el brazo izquierdo y fue como si me voceara el gerente general o la directora de escuela o la madre de todo cuanto existe y tuviera que dejar lo que estaba haciendo e ir y no, por favor, no, es preciso. Aunque un poco largo.

Le aseguré a mis padres, por Whatsapp, que estaba bien. Volví a mi casa a las tres y media de la mañana. No había tren ni grillos ni ojos de mapache entre los arbustos ni alguien mayor de cuarenta y un años y que me amara y a quien yo amara para poder abrazar y soltarme llorando del susto porque habían sido síntomas de infarto y pensé que me iba a morir. Y porque, al seguir viviendo, uno necesita mucho ir a otra sala de urgencias del dentro a elaborar lo que pasó: ay de las caras de mis hijas cuando me despedí de ellas sin saber si las volvería a ver, hagan la tarea, vayan a la escuela mañana pase lo que pase; auch de estar harta de atraer relaciones a distancia que ennoblecen la ausencia; ay de varios libros en ciernes que, por fuera, se ven como un montón de notas a mano y que se iban a quedar sin ser escritos; ay de los besos, los viajes, las cumbias, los tacos, las confesiones, las reuniones, el crédito del gozo que entregaría sin usar, desperdiciado. Ay, no fui al súper, no eché la lavadora, no quemé mis diarios, no hice las paces, no regué las plantas, no alcancé a conocer a mis nietos. Ay, no estoy lista.

El segundo acto comenzó con un huequito lampiño en el antebrazo y las secuelas de una desvelada infame que es, incluso, motivo de alegría. Se diluyó el miedo y, con el reposo, se me borró la marca roja, pero no se me olvida dónde fue ni cómo aquel miocardio, por un momento subjetivo, hizo una pausarecuentoinventario y me hizo la pregunta por mi propia muerte y si estoy satisfecha con cómo llevo mi vida.

Sigo sin estar lista para colgar los tenis y es todo lo que necesito saber para seguir adelante. Eso sí, no vuelvo a decir — ni de juego ni cien veces al día— que me da el soponcio.

 

 

 

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

Un pensamiento en “Segundo acto

  1. Buena tinta , gráficas letras que nos muestran lo ocupados que estamos ” viviendo” cuando deberíamos estar bien ocupados realmente viviendo lo que vale la pena vivir . Abrazo fuerte .

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