Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Radiografía

2 comentarios

Somos lo que traemos en los bolsillos, lo que no decimos a nadie, lo que más tememos y aquello que nunca hemos dejado de creer. O algo así era la frase.

La cartera, un lápiz de labios, —cuando no me pongo color me preguntan si tengo tuberculosis—, tres recibos deducibles de impuestos, los audífonos, un usb con información que me compromete, una navaja, unos chicles, mi chequera, una pluma Bic azul, —para escribir y por si algún día tengo que improvisar una cerbatana—, las llaves de mi casa y de mi oficina. La bolsa es una extensión de mis bolsillos y no por ser mujer; la lavadora es viejita y me cobra caro el olvido de papeles y de monedas sueltas. Nadie sabe que opté por una bolsa cruzada y no de señora en el antebrazo porque sólo me tengo a mí misma y el gesto de hacer que la correa cruce por mi hombro me hace sentir poderosísima. Y triste. Temo volver a creer que una fotografía en la cartera es señal de compromiso, vaya que me da horror no saber distinguir las mentiras que me cuento de las que me cuentan, sobre todo porque son portátiles. Sigo convencida de que existe la magia y de que, como demuestran las hojas secas geniales, los capullos, las alas de mariposa, las conchitas de mar y los boletos de películas tremendas: los tesoros para guardar se hacen polvo cuando intentamos poseerlos.

Espera, Miranda, nota la imprecisión: «somos», decía.

Oh, averigüemos de qué va esto. Es su turno: les va.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

2 pensamientos en “Radiografía

  1. QUE COSAS TAN BONITAS LAS QUE ME HE ENCONTRADO ,VISITARE MAS A MENUDO TU JARDÍN ,TE INVITO AL MIO QUE ESTA APENAS FLORECIENDO, http://nomepisenquetengochanclas.blogspot.com.co/

  2. Hace casi un año me robaron la billetera; identificaciones, plásticos, papel moneda, tarjetas de presentación, sólo eso, nada que no se pueda reponer, salvo las imágenes de las identificaciones, y los puntos de una que otra membresía. Hace medio año extravié mi “mariconera”, en realidad era un maletín de una mini laptop al que le di uso de bolso, “mariconera”, en ella se fueron periféricos para el celular, mi pasaporte, un libro de más de 400 páginas lleno de banderitas y con 150 páginas aún por leer, una pluma Parker, mi favorita, lapicero, marca textos con banderitas, un juego de llaves, y papel moneda.

    No he repuesto la billetera, ni la “mariconera” (también con su correa la cual cruzaba sobre mi pecho, cual cartero); no he encontrado los reemplazos adecuados.

    Hoy traigo conmigo los plásticos y el papel moneda en los bolsillos de la camisa o el saco, porto conmigo una libreta de notas y un par de libros. Cuando requiero de alguna cosa en específico me vuelvo un caos y un galimatías, tribulaciones paso cuando requiero una identificación o tarjeta para acceder al transporte público, calamidades para hacer notas o señalar una palabra o un párrafo en un libro. Ya no puedo sorber un helado tranquilamente.

    Hoy, cargo en los bolsillos un caos, so pena de deformar la horma y corte del pantalón o del saco. Es como estar a la espera de restablecer ese orden, que me pueda llevar quizá a la rutina o una nueva oportunidad para acomodar las cosas y establecer un nuevo orden. Soy el caos de mis bolsillos, soy el que añora el orden, y las 150 páginas de la historia que restan por leer.

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