Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Cervus elaphus

2 comentarios

La cocina de la casa en donde vivo desde hace un año está empotrada en un talud de hiedra y tiene un ventanal con vista a un olmo. Hay tres maneras de entrar a la cocina: desde el interior de la casa, por una escalinata lateral que cruje con rencor y que casi no uso, y por las escaleras de piedra con canto de madera que dan a la calle.

Yo entro por el interior y casi siempre con hambre o sueño. Cuando no estudio el refrigerador abierto para elegir qué voy a cocinar, recorro mi circuito hacia la cafetera o hacia la alacena buscando quitarme el hambre.  Luego se me olvida a qué iba.

—Un venado.

Ni un sonido de pisadas ni de hojas que crujen ni de tierra suelta que pueda hacerme saber que se aproxima.  Aparece, así, con el guion largo del animal hablando a través de su presencia. Rumia, pasea, se echa. Lo saludo, para las orejas. Me sirvo el café o agarro un puñado de nueces o preparo las albóndigas o relleno mi jarra de agua. Cuando volteo, ya se fue.

Su aparición no tendría mayor relevancia en una casa en una zona boscosa de no ser porque coincide con mis días de más agobio. Esos días de saber que nadie vendrá a salvarme de aquello que me aflige, que hay un hambre que no se quita con alimentos, que no hay tortilla ni pan ni galleta ni sopa ni infusión, preparados por mí o por alguien, que me den sosiego. Debe de haber algo más, me digo. Justo en la cocina, un venado: el símbolo de la gracia y la apacibilidad, el buscador de caminos alternativos.

Mi espíritu encuentra esperanza frente a ese animal-presagio de tiempos buenos y de rumbos posibles que aparece y desaparece con el mismo misterio. Pasa el agobio, pasan los días, es medicina antigua. Por supuesto que le regalo las flores que había sembrado.

 

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

2 pensamientos en “Cervus elaphus

  1. Eres un venado. (Nota: las palabras intraducibles venado-español, entre corchetes)

    Cada vez hay más [casas] en la zona que más te gusta, donde están las cortezas más tiernas. Pero está bien. Es un área tranquila, sin mayor peligro que los [coches]. Tienes que aprender a cruzar las [calles] desde cervatillo y a estar alerta. Aun más, si hay perros. Ellos siempre te asustan, aunque casi nunca te persiguen y disfrutas correr. Correr es divertido.

    La mejor hora para explorar es al amanecer; todo es más silencioso y puro. Las [calles] están vacías.

    Hay una [casa] interesante. Tiene un olmo atrás. Pero ya es viejo, su corteza es dura e incomible y se apoya en un [bastón]. A veces hay ahí flores de muchos colores. Te gustan las flores de colores, te llaman. A veces, en la [ventana] oscura hay alguien. Te ve y sonríe, despacio, para no espantarte. Cautelosos, silenciosos como la mañana oscura, hacen un pacto: le inspiras serenidad, y ella te da tranquilidad. Y flores de colores.

    Las flores son buenas. Gracias.

  2. Precisa sincronía la del mago-venado, que llega en sigilo a decir sin palabras que el futuro es bueno, que viene pronto, que hay ansiedades que se apagarán con el agua fresca de la buenaventura, y que acompañará tus días de agobio con su cándida presencia.

    El regalo de tus flores es un puente más entre su voz y la tuya.

    Sopita de sol y sonrisas hasta tu cocina!

    Themis Maya.

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