Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.

Cuarenta y dos

7 comentarios

Teñir el castaño con anaranjado por haber descubierto a Botticelli < dejar que las canas colonicen la coronilla.

Iniciar el primer programa feminista de aquella universidad < llorar de tristeza por los buenos hombres y las buenas mujeres cuando no logran entenderse.

Quemar manuscritos de novelas de dos capítulos porque dolían < levantarse antes de amanecer, todos los días, a escribir un libro por gusto y perseverancia.

Protestar contra el pudor, el catecismo, la carne roja y las tarjetas de crédito < reír con la sombra de la vergüenza frente un saldo en ceros comiendo una pizza y rezando a la Santa Transgresión.

Aspirar a un futuro cargado de expectativas < saber dejar ir a quien abandona, y dónde dar la vuelta en U antes de caer al barranco, y cómo dormir siestas de 7 minutos.

Atesorar la libertad de hacer y desdeñar la estructura < crear una rutina que nutra la armonía entre pensar y sentir.

Recitar itinerarios ideales de viaje por el mundo y teorías de crianza espectacular de los hijos que aún ni nacían < descansar en los alcances de las fronteras del sueldo, construir la interioridad, estar aquí y ahora y que ése sea el viaje en familia.

Equiparar drama con pasión < apasionarse desde un faro, amar las relaciones sanas.

Discutir a controlazos con la ansiedad y la pérdida < suspirar con el cambio, morir con lo que no fue, inspirarse con historias extraordinarias de sobrevivientes, ser fuerza serena.

Creer que los cuarenta era la vejez < ser más joven cada otoño.

Para la muchacha que hace veintiún años cumplió veintiún años.

Autor: locadelamaceta

Blogger Libra en tecnicolor. Vive en California, escribe descalza, le rondan dos hijas y tiene un jardín.

7 pensamientos en “Cuarenta y dos

  1. qué bueno,es como un bálsamo leerte..se me dibuja una sonrisa diferente
    a cualquier otra. Siempre te agradezco y celebro haberte encontrado,
    Y comparto

  2. Felicidades Michelle. Estas viviendo con mucha más conciencia tu verdadera esencia ahora en tus tempranos años de madurez. Disfruta cada momento.

  3. Michelle, me encanta, me encanta, ¡me encanta! La dicha de descubrir cómo vivir la vida con la pasión de la presencia plena, de la congruencia, de la vulnerabilidad y la capacidad de seguirse asombrando. Muy inspirador, como siempre.

    Me hizo pensar en una canción que me encanta, aquí te pongo el link, para que la cantes si la conoces, o para que la escuches si aún no está en tu playlist.

    Un abrazo, querida Maestra, querida amiga.

  4. Tus reflexiones me llevaron a dos evocaciones, la primera este poema:

    Cuadragenario

    Dezso Kosztolányi (poeta húngaro: 1885-1936)

    Una noche despiertas,
    después de largo rato

    y no puedes dormir.

    Miras tu cuarto en la penumbra
    lentamente
    y piensas sobre esto y aquello. Yaces,
    con los ojos abiertos, como anunciando
    tu sepulcro. Es el viraje, tu vida tira
    por un camino nuevo.

    Te maravillas de haber vivido
    entre la tierra y las estrellas.

    A tu mente
    viene una vaguedad. Le das vueltas.
    Te cansas de ella y la dejas caer.
    Oyes a veces un ruido en la calle.
    Sabes qué significa cada ruido.
    No estás triste. Sólo sereno, atento.
    Casi tranquilo. Suspiras. Te vuelves
    de cara a la pared. Duermes de nuevo.

    La segunda, por el estilo, a algunas reflexiones publicadas en el número uno de la revista Paréntesis (diciembre 1999), de una breve selección de los textos editados por Pascal Quignard en el libro “Las tablillas de boj de Apronenia Avitia”; ella —Apronenia— era una patricia romana (circa 343-420 d.C.) del periodo de Constantino y la decadencia del imperio, realizaba sus reflexiones cotidianas en pequeñas tablas de madera cubiertas de cera, las tablillas de boj, cuyo uso habitual estaba destinado a notas domésticas y de índole práctica o contable, y a pesar de ser un material tan frágil y aparentemente efímero, varias anotaciones suyas se preservaron hasta llegar a nuestros siglos.

    Me asombró ciertamente esta historia y aún más leer sus reflexiones, claro está. No sé si las redes sociales, los tuits, los blogs o los mensajes de whatsapp, tengan algún interés arqueológico literario en el futuro, pero resulta interesante imaginarlo.

    Saludos

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