Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, y otras plantas de interior.


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Sobre la elocuencia

Esa mañana y no en otro inicio, justo cuando había soñado que me amaban y ese amor era de filigrana: al detalle, entramado con lupa, sin partes parchadas ni luego zurcidas para que aguantara más camino; esa mañana bauticé al sueño. Lo incliné sobre la fuente donde hacía muchos textos atrás, el agua había cantado que.no.se.mojen.los.cadáveres.que.no.se.mojen, y le di el nombre de Unamor Hechoamano y lo ungí con aceite de lavanda para alejar las picaduras de la patanería.

(Ocurrió hace tanto tiempo que ya los inicios se brotaron, crecieron, sacaron su credencial para votar y se volvieron una fraternidad de capítulos potenciales con bigote y a las mañanas se les contorneó el busto y las caderas y hasta se ponen rímel en el tercer ojo frente al amanecer, anhelando un café.)

Justo entonces, ella reclamó y declamó que me quedara.  Es elocuente, persuade con calidez y, lo que más me sorprende es que no le hagan falta palabras -son de cartón, las palabras-, le basta ser horizonte y abrazo. Y Y yo le hice caso a ella, mi cama. Porque para soñar y para renacer, tengo que estar bien descansada de mis expectativas.