Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, y otras plantas de interior.


Miranda postrada, y un atisbo

¿Qué fue, pues? Dolor de garganta como de haber gritado, verde y saltadora, en el concierto de un grillo rockstar. Escalofríos; una fiebre nómada que unas horas quería ser cool y otras, sol. Fatiga hecha de ciento de unidades de cansancio a lo largo del día, repartidas entre cada actividad; renovable.

Cambiar de médico. La doctora, en un gesto humano y rebasado, me solicitó que no la importune. No me va a tener lista la carta para mi trabajo, no me va a revisar en video, tome paracetamol. Me mandó el pase para la prueba del COVID.

Da negativa. No sé si sonrío o me canso; el dos y el cero de este año son una medida de peso que duplica hacer y esperar. Las voces versadas en diagnósticos via Whatsapp acotan: es que no has dicho lo que sientes. Es que fue por el calorón y por el aire de los incendios en California. Es que no tomaste vacaciones. ¿Qué fue, pues? El nuevo doctor me pregunta cómo describiría mi condición: le respondo que como si me hubiera pasado encima el último tren de la noche. Ah, señora. Hidrátese. Y paracetamol.

Claro que el médico no podría curarme porque mi enfermedad no pertenecía al pasado o a mis órganos sino al presente y el exterior del que formo parte, célula: un mundo afónico, de termostato roto y agotado de cargarnos. Las ganas de sanar y de saber por dónde empiezo han dejado de ser mías, por motivos que me beneficien. En el desguance atisbo al dos y al cero, por partida doble, recalibrando el norte en las brújulas. ¿Vamos?