Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.


Deja un comentario

Un día como hoy

Son los muertos, nuestros. Un día tuvieron voz.

¿Por qué llora, mamá, si es mi boda? ¡como si no me fuera a volver a ver!

A mí que me canten, yo no quiero lágrimas en mi entierro. 

Este jefe que no se acostumbra a que me haya jubilado de piloto. Es sólo un viaje, no me tardo. 

Qué orgullo tener un hijo bachiller. Lástima que no voy a conocer a tus hijos. 

¡Ay!

Me voy a recostar tantito aquí. 

Son los muertos, pero no cualquier fallecido en abstracto; los reconocemos como propios: nuestros muertos. Vienen con nosotros a donde vayamos y en lo que hagamos. No podemos contar nuestra historia sin contar la suya, sin mencionar cómo pasaron de ser nuestros vivos a ser nuestros difuntos:

Tifoidea. En su luna de miel.

Infarto, mientras conducía.

Explosión. Al aterrizar.

Cáncer en el pulmón. Sola, a cargo de cinco adolescentes.

Cardiopatía. En una Semana Santa.

Extinción paulatina de las ganas de vivir. 

En el día de quitar la ofrenda, cuando se marchita el copal y las flores oran, la casa —¡qué mundana es! (¿así fue siempre?)— inicia noviembre en el calendario de las diligencias. Y, al recoger, le sacudimos el polvo a los muertos nuestros, por si hubiera quedado algún predicado que los redujera al momento y al modo en que murieron.  Tomamos su voz y les contamos, dentro del relato que los incluye, que la vida siguió:

Madre e hija fueron exhumadas por separado y reunidas 60 años después.

No funcionaba la grúa del féretro. Llegaron sus amigos con la guitarra y le cantaron y aquel entierro fue una fiesta. 

Quedaron sus alas de piloto. Y la suya fue una de las misas más emotivas que se recuerdan.

Tuvo 26 nietos, todos con título universitario. Casi ninguno fuma.

Manda mensajes haciendo sonar el Sueño de Amor de Lizt, la pieza que tocaba en el piano. 

Su depresión motivó a cambiar la comunicación en la familia a través de terapias y manejo de la energía. 

Y con las diligencias nos altarecemos, unos con otros, de noviembre a octubre. Vamos, entre nosotros, entrelazando las voces de las personas que perdimos con la voz nuestra que reflexiona acerca del legado recibido en lo cotidiano. También hablamos de un montón de sucesos que nos rebasan pero que no podemos dejar de contar, por raros o emocionantes.

Un día como hoy.  Ya quisiera la muerte una ofrenda de tantos días. Y triunfar así sobre el olvido.