Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.


Deja un comentario

Nueva Patria

            Maljan Chavoor no sabe quién soy. Leí su historia en libro.  

            Maljan entró a los Estados Unidos a través de Ellis Island, principios del siglo XX. Como millones de personas antes y después de él, viajó en barco, durmió en barracas, compartió el retrete con ciertos de familias.  Divisó la Estatua de la Libertad en el horizonte de agua de ciudad.  Escuchó a su madre o a la de alguien sollozar de nervios.  Puede ser que cargara un edredón o un baúl con ropa antes de pasar por revisiones que comprobaban que no era sordo, tenía tracoma, escoliosis o sarna.  Resolvió problemas de aritmética, contó al revés, armó un rompecabezas, leyó —o hizo como que leía— un párrafo, agrupó expresiones faciales en conjuntos; y alguien determinó que nadie en su familia estaba demente.

            Su padre respondió cuando el inspector registraba su nombre, su lugar de nacimiento y mostraba los 25 dólares en efectivo que se requerían para ingresar a Norteamérica.  La familia tuvo la suerte de mantener su nombre de origen en vez de cambiarla a un fonema que fuera más deletreable en su vida por estrenar.  Cuando les dieron su pase de salida, bajaron la última escalera de esa llamada Isla de las Lágrimas, donde se decidía su destino, tomaron el pasillo de la derecha, hacia la estación del ferrocarril rumbo a Nueva York.  La izquierda era para los deportados.

            El testimonio de Maljan no da detalles sobre su paso por Ellis Island. Consta de un sólo párrafo y en él describe un acontecimiento simultáneo al proceso de migrar, pero aún más importante y de mayor impacto en su vida: haber probado la gelatina.  La única ocasión en la que sintió un júbilo similar fue cuando se enamoró por primera vez.  Desde entonces, y según sus propias palabras, comió gelatina todos los días de su vida durante 70 años. Encontró la felicidad y su verdadera nueva patria.

              Conozco a muchos inmigrantes. Él siempre está en mi pensamiento. No pudimos conocernos y, sin embargo, lo amo.