Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.


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Devolver al remitente

Vida,

Me llegó este paquete y te lo quiero devolver. Gracias por habérmelo enviado porque, si no fuera por su contenido me habría muerto en la infancia en el más absoluto desamparo y en la adolescencia por atrabancada.

No me lo puedo quedar porque lo que creo ahora me pide que revise el origen de mi sufrimiento y en cuanto me topé con el paquete te lo quise devolver con urgencia. Con cariño, te regreso todos tus imperativos. Estoy desterrando cada uno de los verbos en forma de orden para ser obedecida, desde la cotidianidad del «come», «recoge», «limpia» o «paga» hasta el megáfono del «calla», «demuestra», «oculta», «controla», «aguanta», y hasta el «ven» y el «quédate» más seductores. No le pondré mi nombre, sabrás que el paquete es mío. Donde decía FRÁGIL, por fuera, está tachoneado; cuestión de precisión: frágil yo cuando obedezco y no es a mí, creyendo que habrá un premio al final del camino.

Si haces un inventario, verás que tomé «escribe», «explora», «perdona», «disfruta», «deja ir» y «resuelve». Los elegí por voluntad, son las insignias de mi autonomía. Quizás notes que el embalaje original quedó medio forzado, valga el campo semántico. Resulta que quedó un espacio justo del tamaño de mi necesidad de dar explicaciones para no sentir culpa. La recibirás igualmente. Ojalá el paquete llegue con bien. O se pierda el camino.

Con alivio, abrazando mis fortalezas,

Locadelamaceta, disidente.


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Ocasional

Ya sé que, a veces, me aloco.

Tuvo bastante que ver el cambio de cubículo. Ahora estoy en una que tiene una ubicación de privilegio: no por el título nobiliario corporativo sino porque está en la esquina donde convergen tres pasillos y desde aquí mi Antonio Machado interno —con una ligera influencia de Esquemáticos Anónimos— puede clasificar todos los tipos de andar y hacer camino sobre los mundos sutiles de la alfombra industrial. Uno de los pasillos proviene del baño. Todos los modos de andar, insisto. Además, tengo una ventana a mis espaldas con vista a una estación de bomberos. Son muy ordenados esos muchachos: ponen los trapeadores a secar en hilerita, hacen su calistenia al sol, sus mangueras son una obra de la estética refractaria, izan y arrean la bandera como si se les fuera la vida en ello. Adoro venir a mi oficina y sentir ganas de contar lo que veo.

Lástima del mareo. Desde que me cambié de oficina sentí oleadas de energía queriendo expandirse a través de mí, como un escalofrío. ¿Qué sería? El progreso, quizás, invitándome a seguir avanzando, tú dale Miranda, escribe, conecta, confía, deja que el futuro se acomode; el miedo, quizás: ten cuidado Miranda, no te identifiques con lo que hay, acuérdate que cae el telón y nada ni nadie era como parecía; el control, quizás: porque ¿no te parece que esta es una buena época, Miranda?, ¿cómo puedes saber si es verdad?

Detesto no poder ver a través de las sombras de mi percepción. El escalofrío continuaba y yo no sabía de dónde provenía. Ya estaba temiendo que las ventajas del cubículo soleado y estratégico se estuvieran diluyendo, justo cuando cada personaje de esos tres pasillos comenzaba a formar parte de algún relato en borrador y los bomberos redefinieran el pan de cada día dánoslo hoy y yo empezaba a creer que vendría otro duelo y le rogaba a la vida que no tocara otras instancias que me llenan de gozo, que puedo ser funcional y clara y objetiva, si me esfuerzo e *inserte pánico potencial*.  Apenas voy saliendo adelante, vida. No chingues, no me lo quites.

Guardé calma-cama.

Cuando volví a la oficina, unos días después, me encontré una nota del Jefe de Mantenimiento. No era la vida jaloneándome la lucidez sino un mini-refrigerador que estaba junto a mi escritorio, interfiriendo con mi temperatura y mis otolitos. Tanto qué ver y ni me había fijado que estaba ahí. Se lo llevaron, porque estaba descompuesto.

No sé de verdades universales, pero sí de aquello que es verdadero en mí: la vida a través de mis ojos y mis oídos, eso que siento con intensidad desproporcionada. Ya sé. Me aloco.

Sólo a veces.