Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.


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Seis segundos

Él me eligió primero.

Él, rumbo y saeta de sí mismo.

(Él, ¿quién le dio las llaves? ¿cómo llegó hasta mi cama?)

No, gracias —diré que dije— No son horas, no es momento. No eres mi tipo, no te conozco.

Él y, por herencia de sus antepasados, ¿quién contra Él?

¡Que no! Hice la señal de alto con la mano.

Él, de paso, altísimo, desapegado, gris.

Él no quería conmigo sino a través de mí.

Tampoco discutí demasiado, me agarraba con sueño.

Él,  de segundo oficio: pregonero: el último tren de la noche

 Él es Él y la hora exacta y algo de leyenda.

Dice que sabe de insomnios, de manijas del sótanos donde duerme la orfandad, de submarinos y lluvia en clave, de confesiones de banca de estación, de sobrevivir al rechazo, de sonar el silbato porque hay peligro de olvido o de que cerrar los ojos y aventarse a las vías.  De todo esto sabe y más en dosis diarias. Dicen que sus faros cortan la oscuridad en pliegos de bolsillo. Dicen que acompaña a las almas que se preguntan por el futuro.

Le he prestado mis letras durante seis segundos diarios, la medida de nuestro encuentro.

No soy la misma desde que Él.

Será que el cansancio me pone receptiva.