Locadelamaceta

Cultivo letras, voz, llaves, y otras plantas de interior.


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Ella Escribe

Qué bonito y necesario es que exista She Writes, una comunidad global en línea que ofrece contenido, inspiración y apoyo de mujeres para mujeres en cualquiera de las fases de su proceso de escritura. Estoy estrenando un espacio allá; estaré posteando los temas que imparto en mis talleres y algunas reflexiones en torno a la vida creativa.  ¡Haz click aquí! 


Escritoras.mx entrevista a Locadelamaceta

Reporte, hasta el momento, desde la Ciudad de México: jamás había reído, llorado y abrazado tanto en un viaje.

Y, para sumar motivos de gratitud, recibí el apoyo de escritoras.mx. Aquí va la entrevista que me hicieron. ¡Gracias a Cristina Liceaga y a su equipo por el apoyo a las mexicanas que escribimos!


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¡Nueve, oigan!

Trecedejulio: noche en que agarré un pseudónimo y me puse a escribir, después de 120 meses de silencio creativo. Víspera de un beso entre el estoy harta de la vida a medias y el no sé cómo manejar mis pulsiones. Mediodía y tránsito de apellidarme Hooker-en-duelo a Locadelamaceta, yeah. Mañana de un video donde te preguntaba qué estabas haciendo este mismo día, en 2006. Tardecita de tomarme el pulso, de auscultar dónde me duele y para qué. Ocaso de, francamente, luego uso unas palabras muy peinadas de raya de lado para disimular mi aullido. Madrugada de un abrazo que ha revolucionado todas mis tintas.

Es una palabra que inventé para celebrar cuando abrí mi blog, y me di a luz a mi misma a través del brete de penumbras y fantasmas que destapé, a la par de conocer a personas especialísimas con quienes coincidir con este espacio como pretexto, nomás.  Fue hace nueve años.

Gracias, gracias, gracias por el privilegio de ser leída. Ya que hemos roto el turrón a través de los posts y los comentarios, puedo decirles eso que tengo mucho tiempo sintiendo por ustedes, desde la gratitud: los amo.


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Narrar los cambios.

Tiene mucho que no escribo. Preciso: no escribo como antes. Me he releído, se me nota. Mis textos ya no traen ese lenguaje a señas del miedo encriptado. Ya no son columnas de humo de la resignación, ni denuncias disfrazadas de asombro por lo cotidiano.  Por fin puedo decir lo que quiero. Mi bitácora puede abandonar el hubiera y dedicarse a ser textos presentes, como el anuncio de “si hay tortillas” o el “hoy no se fía”.

Pero no escribo desde hace mucho. Corrijo: no escribo para después, porque falta un montón. Por eso cuando me llega la inspiración, la despacho. Le digo que vaya a visitar a los que tienen un contrato firmado con una editorial, o a los becarios del  FONCA. Me encuentra haciendo hojas de cálculo y contando, manualmente, quince mil boletos de una rifa: el tiempo que me queda lo uso para llevar a mis hijas al parque o para doblar ropa, no estoy produciendo nada citable o vendible ni ostentable.

De esos textos que yo solía generar, escribo poco, aislada, casi por goteo; en la hoja, me refiero. Descubrí otro matiz de mi creatividad: escribo trabajando, desmarcándome de mi propia obsolescencia; escribo eligiendo a qué y a quién le doy mi imaginación. Escribo amando, y qué bueno que no me pinta el bolígrafo cuando me surge alguna expectativa. Escribo cuidando mi cuerpo, cachondeándome y hallándome sentidos. Escribo haciendo conversación, preguntando: “usted, ¿cómo llegó hasta aquí?”. Escribo al aire, operando una cabina de radio y desdoblándome en versiones funcionales de mi atarantamiento. De esos textos, escribo bastante. De eso se ha tratado esta época.

No es que necesitara explicar por qué cambié. Quise hacerlo, nomás. Escribir no es sinónimo de inscribir y dejar inmóvil; al contrario, escribir es narrar los cambios. Por eso relato que tiene mucho que no escribo. Postdateo: no escribo como primer o último recurso para ser vista. ¡Y qué bueno!  Al aceptarme invisible, irrelevante, deliciosamente común, puedo escribir viviendo. Y esa historia, entre todo lo que he creado y creído, me gusta más para adoptarla como estilo.